domingo, 27 de junio de 2010

ENFRENTE EL FUTURO EN MOVIMIENTO; DESPACIO



Los ojos pierden el horizonte por los caminos de oro, de piedras, de polvo...La brisa es de fuego. Seguimos avanzando mirando al suelo. Nos aplasta el calor del más duro verano.

Un paso es una hazaña ¡ y aún nos retan cientos de batallas!

Adelante, los molinos que reman cansinos y no alcanzan al viento. Detrás burros viejos y agotados con la rodilla posada en el suelo.

Quedan restos de sangre aquí y allá; las venas abiertas de los campos.

Nos empachamos con el buen vivir y una borrachera sobre borracheras, sin freno, sin medida; bolsillos como sacos, descosidos. La resaca es terrible, apocalíptica.










Estoy harto, vivimos tan deprisa que no llego a saborear las cosas que me pasan y ya se me han escapado...me pierdo en las veredas del ¿Qué ocurrirá mañana? Me dejo llevar por los adjetivos que superlativizan lo que está por llegar y queman y trituran el ayer; y el ayer empieza hoy, ahora.






La necesidad de llegar más rápido y más lejos. La necesidad de producir más para más gente. La necesidad de crear necesidad de bienes...empujó a la revolución industrial. Lo que por una parte fué una suavización de las labores penosas o , por ejemplo, una manera de estar mejor comunicados, acabó siendo una nueva forma de exclavitud. Esclavos del progreso, condenados a vivir a la carrera.

Me bajo de este tren que nunca se detiene en ninguna parada. Me bajo en marcha y me tumbo un rato aquí. Mejor sigo a pie dentro de un rato y más despacito. Sé que si me bajo no podré volver a mi plaza pero es algo que asumo. Caminaré lejos de las vías quizás exista otro mundo por allá.




Aún nos queda la esperanza. Por muy deshechos, machacados, disecados o despreciados que parezcamos seguimos en pie. Seguimos con nuestra pose, erguidos y de frente al sol y a lo que la vida nos traiga, seguimos siendo lo que somos y lo que nos enseñaron. Ya es tarde para cambiar y además no quiero cambiar.


miércoles, 9 de junio de 2010

Imaginando








Imaginamos un día de lo más caluroso del verano y después un atardecer en el que el sol ya sólo ilumina las copas de las casas. Imaginamos que tomamos una cerveza en un vaso recién sacado de la más helada nevera y que empieza a correr una ligera brisa. Imaginamos que las terrazas se llenan poco a poco de gente y los músicos anónimos pueblan cada esquina tocando para otros anónimos. Imaginamos la rivera de un río con flores a cada lado y en cada puente, pequeños barcos surcando, dulces, sus aguas verdosas y y bicicletas rodando por encima de la calles empedradas. Imaginamos una noche estrellada y un castillo iluminado en lo alto de una colina. Imaginamos un atardecer estival en Ljubljana.


martes, 30 de marzo de 2010

RINCONES DE NIJMEGEN



Días después de hacer una prueba de Inglés en el instituto de idiomas de la universidad de Deusto, saldrían publicados todos los admitidos para pasar un año estudiando en el extranjero. No estaba seguro de haber hecho muy bien el examen y a lo mejor por eso acudí solo al tablón de anuncios. Las notas obtenidas durante la carrera eran importantes para ganarte una plaza, pero superar el nivel mínimo de idioma, era también un requisito indispensable. Recuerdo que estaba nervioso. Además, no sólo me jugaba el ir o no ir, que ya era bastante, también iba a conocer la ciudad en la que pasaría mi próximo curso.

Recuerdo mirar el panel de madera con ansiedad. Detrás de los cristales que encajonaban los papeles donde habían publicado toda la información, apareció finalmente mi nombre y mi destino; ¡¡Había superado las pruebas!! Me había tocado una ciudad de nombre casi impronunciable y que nunca había escuchado antes: Nijmegen.

Poco me importó el asterisco con el que me habían marcado. Salí corriendo como loco de alegría con mi plaza en no sé donde...en Nichguejen o así. El asterisco me obligó a hacer un curso de Inglés en Verano, ya que efectivamente no había hecho tan bien el examen de nivel de idioma. Pero... ¿ Qué más daba? El viaje acababa de empezar. Por cierto, esto estaba en Holanda.

El verano lo pasé entre libros y por fin llegaron los últimos días de Agosto. Mi pánico a los aviones y el amplio espacio de tiempo que disponía me decidieron a comprar un billete de autobús. Había parada, en un autobús transeuropeo, tanto en Bilbao como en Nijmegen; perfecto. Por delante 16 horas de carretera y una compañera, Estitxu en el asiento de al lado. Ella también estudiaba Derecho en Deusto y se animó a venir conmigo.

Una noche entera y un buen rato de día y por fin llegamos. Nos reíamos Esti y yo porque nos creíamos los músicos de Bremen. Ella con su violín y yo con mí guitarra, aparte de todas la maletas con cosas para un año. No parecía tener mucho de nada aquella pequeña ciudad. Un hotel de la cadena mercure, la estación de tren con un parking enooooorme de bicicletas, jardines y casas de ladrillo ocre, típicas de Holanda y de las zonas flamencas. Teníamos un mapa para llegar a casa de Esti y andando cargados llegamos como pudimos. Tenía un techo para esos primeros días.




Recuerdo los primeros paseos por la ciudad, la universidad, los primeros erasmus y recuerdo enseñar a Esti, en una calle cortada por obras, a andar en bici. Bueno, ella ya sabía, pero andaba torpe porque apenas había andado en bici en su vida. Enseguida lo cogió de nuevo. Las dos primeras bicicletas las compramos por 35€ cada una, dos mountain bikes de colores horribles y viejísimas. Las siguientes, las conseguimos prestadas. O tienes bici o no eres nadie en Holanda, y más aún siendo erasmus, y ya teníamos bici. El ciclo me aguantó como 3 meses hasta que una mañana que regresaba del mercado de la plaza Grote markt, en autobús, ví como unos niños la estaban robando. La había dejado hacía dos noches atada a la puerta de un instituto porque se me había pinchado una rueda. Estaba pendiente de volver a recogerla pero nunca más la volví a ver.



Pasé varios días en casa de Esti. Era una de las mejores habitaciones que tuvimos nunca los estudiantes allá. En el centro, amplia, vivía sin apenas vecinos, zona residencial...estaba cómodo allí pero empezaba a sentir poco a poco que debía de buscarme la vida. Una mañana me decidí a buscar mi casa con ayuda de un chico que había subido el coche desde Barcelona; Pep. Me habían avisado desde la universidad que me había correspondido una habitación en el colegio mayor de Vossenveld; había que buscarla y parecía estar lejos. Para entonces ya conocíamos a bastante gente y preguntando llegué. Menudo colegio mayor...iba a ser duro vivir tan lejos. Y eso que aún no había comprobado las maravillosas vistas a un muro, desde mi habitación, y el montón de cacharros sin fregar que dormían desde tiempos inmemoriales en la cocina...Bueno, pero ya tenía casa: Vossendijk 101-1, Vosselveld.

El año pasó, y pasó tan rápido...y dejó en mi cabeza miles de recuerdos. Recuerdos que poco a poco voy a ir recogiendo aquí. Los voy a contar tal y como se me han quedado grabados. Igual no ocurrió todo exactamente como lo voy a contar pero desde luego es como se me quedó a mí. Amigos, lugares, momentos, fiestas, viajes... un homenaje a aquella vida que murió allí pero que sobrevivirá siempre en mi memoria.


" Dejo una foto a los pies del famoso puente de Nijmegen 8 años después de haber llegado por primera vez"




lunes, 22 de marzo de 2010

MENDIAN GORA. Aquitaine - 40 - BI





No sé los años que tarda en crecer un pino, ni los años que tarda en crecer ningún otro árbol. Y en una noche se cayeron. No sé cuanto tardaron en formarse los acantilados de las playas landesas ni cómo se crearon. Y el mar poco a poco se los está comiendo. Por eso, quizás, debamos disfrutar de cada día y de cada joya que la naturaleza nos da. y de una joya como este rincón de Francia.Abrir bien los ojos para contar a los que vengan después, cómo era el mundo que nosotros conocimos, porque ya nunca volverá a ser igual que ayer, o que hoy.

El mar se nos viene encima cuando ponemos un pie cerca de él.

Capbretón es un verdadero sitio de vacaciones, VACACIONES en mayúsculas. El paseo al borde del mar, los restaurantes a pie de puerto y sus barcos de recreo, el mercado con el pescado que entra del cantábrico, las villas, las playas...vacaciones en la tranquila Aquitania con aire puro y tanta gente deportista como te quieras encontrar. Todos con su uniforme, marca Decathlon. ¿Acaso hubo pillaje después de la tormenta perfecta y desvalijaron uno de sus centros? ¿O será que esa cadena vende una barbaridad en este país? habrá poca gente tan deportista como la landesa. te puedes pasar la vida diciendo Bon Jour a cada ciclista, atleta ó caminante que encuentres a tu paso.

Cuando me asomé desde el paseo marítimo de Capbretón a los lejos vi Euskadi, mi bella Euskadi, y entonces me acordé de algo. Los vascos a los Landeses les llaman orejones. Dicen que es porque de pequeños les levantan, cogiéndoles de las orejas, por encima del maíz, para que puedan ver lo bello que es Eskual Herria. No sería digno de mí no acordarme de como contestan a esto los landeses:
" - Doctor, doctor que es lo que tengo?
- Pues mire, lo siento, sólo le quedan unos días de vida...pero dígame, ¿Qué va a hacer con ellos buen hombre?
- Pues marcharme al País Vasco
- Ah! ¿Y eso, por qué?
- Pues porque allí van con 20 años de retraso. "

Pero vamos, que desde el paseo marítimo de Capbretón se ve Euskadi.

Ese maíz que caracteriza a Las Landas, y por encima del cual elevan a los niños cuando son pequeños para que puedan ver la tierra vasca, agarrados de las orejas, es el que servirá, en gran parte, para alimentar a los patos de la región. Y es que no hay mayor manjar que el pato, en todas sus variantes. Y aquí, eso sí, son auténticos artistas en la elaboración de estos productos. El magret, el confit, el foie...sólo de pensarlo se me viene a la cabeza ( al estómago) que aún no he cenado.

La bicicleta y nuestro alegre pedalear nos devolvió a casa por los caminos llanos y estrechos de los bosques landeses. Las rías están presentes siempre en el paiaje del departamento; rías con agua de color marrón, siempre muy turbia debido a las abundantes lluvias y a las características del terreno. A mí, cuando las veo, me recuerdan a los ríos a los que mi padre me llevaba para pescar anguilas; me imagino que habrá anguilas aquí también ...eso no lo puedo asegurar. Lo que si puedo asegurar es que hay unas ratas de campo enoooormes, pero no me acuerdo de su nombre.

Un paseo por Ondres-Capbretón siempre es relajante y cautivador. Más aún bien acompañado, con buena guía y con una buena cena al final. A base de pato autóctono, por supuesto. Gracias Cathy.





domingo, 27 de diciembre de 2009

VIAJES. GRECIA. El atardecer más bello del mundo.





Dicen que es uno de los atardeceres mas bellos del mundo. Cientos de personas recorren la isla de Santorini o incluso vienen de otras islas griegas solamente para pasar los últimos minutos del día aquí, en Oia.

Es un pequeño pueblo de calles estrechas y casas de un blanco cegador; es la foto del típico pueblo Mediterráneo. Las cuestas, los infinitos recobecos, el suelo empedrado y escondiéndose entres las casas el mar Egeo. No hay otro azul, como el azul del Egeo.






Se suponía que desde el Pireo hasta Santorini nos iba a llevar uno de los barcos rápidos. Ese día no salió. Era un día caluroso, como todos los del verano en Grecia y el sudor nos caía por debajo de la gorra que nos protegía de las temidas insolaciones. El caos reinaba en aquel puerto ruidoso, sucio, de temperaturas asfixiantes. El olor a gasóleo se hacía más insoportable cada minuto, más concentrado, si cabe, debido al bochorno, y el puesto de nuestra compañía de Ferries no aparecía. Nadie sabía nada. Fueron unos minutos interminables pero allá casi al final de la última de las dársenas apareció.

Nuestro barco no salía, cosa que ya sabíamos y lo que a nosotros nos parecía una desgracia a ellos, a los operarios de la compañía de ferries, pareció no inquietarles demasiado. Daban la sensación de estar acostumbrados a explicar el trámite de cómo hacer para que recuperaramos el dinero. Así que lo que nos vendieron como avería no tardó en parecernos como algo parecido a un overbooking. Nos quedó claro que reclamar no nos serviría de nada ( ¡¡¡Había que ver con que soltura - extraña- explicaban todo!!!) por lo que canjeamos nuestro billete por una plaza en un barco peor. Total, que perdimos 3 horas ó 4 y ganamos 100 euros.





El día siguiente, ya en el acantilado al borde del cráter de la isla de Santorini, no nos acordábamos del mal rato. En las islas cícladas corre la brisa; por lo que el calor ya no es tan intenso. Nos acercamos en el autobús hasta Oia para ver el famoso atardecer con 100€ frescos en el bolsillo.

Comer en Grecia siempre es un placer; es una de las gastronomías mas increíbles de las que he disfrutado nunca. Variada, especiada, sabrosa, sana... pero ¿ Y comer al borde de un volcán viendo el atardecer más bello del mundo? Amigo mío, que 100€ no son nada. Y mucho menos bien gastados. El menú no era importante aunque en Grecia, comas donde comas siempre aciertas.

Esa tarde estábamos cargados con una mochila, las aletas, las gafas de buceo...y en pantalón corto, con los pelos desbocados, por los vientos que corren por las cícladas. Aparte como nos habíamos bañado, un pelo mojado peinado al azar al viento, hace que parezca que has metido los dedos en un enchufe. Así aparecimos en el mejor restaurante de la isla. El hombre de la recepción,nos miró de arriba abajo. Igual pensó que con esa pinta que traíamos no tendríamos dinero para pagar la cuenta, pero con un gesto muy correcto nos ofreció pasar a la terraza del bar. Era un tipo amanerado y muy gracioso y cuando pasamos no pudo disimular detrás de la mano que entretapaba su boca una pícara sonrisa. Probablemente imaginaría la cara que iba a pone su jefe al vernos en su elegantísmo y caro restaurante, o como iban a alucinar al vernos la clientela con la que solían codearse. Nos colocamos donde quisimos. Horario de cena a la francesa.



La gente empezaba a llegar al castillo e Oia para tomar la instantánea de su viaje, de sus vacaciones. Nosotros, privilegiados, brindábamos con un buen vino blanco local. Cientos de metro más abajo, en el agua la gente paraba los barcos e imnotizada miraba fijamente al sol.




El menú estaba bien, como siempre en Grecia. Cocina de autor para un cuadro maravilloso. Cathy y yo compartimos una tarde Genial. La noche fué cayendo mientras charlábamos y los últimos flashes de las fotos iluminaron las casitas blancas. Mientras la gente se iba de vuelta a sus hoteles o a tomar algo nosotros apurábamos nuestro increíble rato en Oia. Según cae la noche en las cícladas se va echando de menos un jersey, al menos a los hombros.

Una pareja japonesa se colocó en la mesa contigua a la nuestra. Estaban entusiasmados pensando en la cena que les esperaba en ese marco tan maravilloso. La verdad es que estando tan lejos de casa, algo así debe resultar increíble.



La tertulia-cena en chanclas de playa y pelos elétricos derivó en risas y chistes. Los "latinos" hablamos más alto que nadie y nos habiamos hecho notar en el restaurante. Los japoneses nos echaban un vistazo entre cucharada y cucharada, de manera discreta como ellos son y sin desviarse demasiado de sus conversaciones.

Acabamos la botella y tomamos un licor con el postre. Los ferries entraban y partían sin cesar del puerto...

La verdad es que nos felicitamos de haber podido disfrutar de esa cena "gratis". Si algo no sale como uno quiere no está mal disfrutar de las desgracias convirtiéndolas en algo tan inolvidable. Juntos pudimos cenar frente al atardecer más bello del mundo.

martes, 24 de noviembre de 2009

MENDIAN GORA. Aquitaine; cool, clean & quiet. - Les landes- BAT







Aquitania, cool, clean and quiet. Así rezaba la camiseta que llevé a la comunión de mi hermana. Me encantaba esa camiseta aunque recuerdo que no sabía situar demasiado bien en el mapa esta zona.

Ahora sé que Aquitania es mucho más que viñedos, maíz y playas. Eso es, al final, lo que imagina todo el mundo cuando cierra los ojos y piensa en estas tierras del Sud-oest francés. Yo por aquel entonces ni siquiera conocía tantos datos. Eso sí, siempre me llamó la atención el: Cool, clean and quiet.

Cathy, landesa en Santander, siempre nos recuerda el Sud-oest. Ella dice que en Francia les toman como "los tontos de la película, los campesinos". Yo creo que exagera un poco y que realmente no nos dice también que nos encontramos en una tierra pura donde todo Francés se imagina en unas buenas vacaciones. Naturaleza, playas, montaña, gastronomía...¿Quién puede pedir más?

Las landas fueron constituidas como departamento ( el 40) después de la revolución francesa. Cathy nació en la capital, Mont-de-marsan. A principios del año 2009 más del 60% de los pinos que cubrían las antiguas zonas pantanosas del territorio cayeron debido a los vientos huracanados que cruzaron esta zona; la ciclogénesis explosiva. Las landas son zonas llanas, piso de arena, que de no ser por estos pinos, plantados en su mayoría en el siglo XVIII, serían prácticamente inhabitables. Sin los pinos las landas estarían expuestas a la bravura del mar y de todo proceso geológico vivo, que se las iría comiendo poco a poco. En las larguísimas playas, hay muros que contienen el golpeo del mar a duras penas; sin la vegetacion estos no serían suficiente. En la segunda guerra mundial los Nazis construyeron bloques de cemento en los acantilados, para defender la costa. Todos éstos están ya mojando su saia al borde del mar. Y es que el mar no descansa, no para de desgastar los pendientes acantilados.

Domingo en Ondres, sur de la landas. Es Abril. Mary, hermana de Cathy acaba de tener su primogénito, es Yoan. Cathy, me ofreció una bicicleta para darnos un paseo por los alrededores. " ¿ Vamos paseando hasta Capbreton?"

De las bicicletas que había, no dudé, me quedé con la más antigua. Era una bicicleta de La poste, la empresa nacional de correos. Era un poco rara porque tenía una cesta metálica enorme, con una maleta negra pegada, en la parte delantera. Cuando intentabas girar perdías la referencia porque no veías la rueda y costaba hacerse con ella. Eso sí, era la más mítica de las que había. Mola darte un paseo gritando... "Bon jour! Le facteur de la poste!!"

Si la bici era guapa, ya no voy a contar el paisaje de Ondres y el camino a Capbretón. Está lleno de los pinos que un día se plantaron para retener ese bravo mar, y, enmedio, uno y mil caminitos por donde pedalear. Casas típicas landesas, cada una con su nombre en la entrada, olor a mar, pinares, gente superdeportista y tiempo para pensar y calma. Lo que más llama la atención, a mi entender, cuando pasas por estos caminos, es como se oyen las olas golpeando contra el borde del mar, los acantilados.Contra los muros de los cuales antes hablába ¿ Por qué? porque no ves nada, solo bosque y sin embargo está ahí tan cerca el mar...podrías estar a miles de kilometros de la costa pero Neptuno nos llama entre la vegetación y no quiere pasar inadvertido, reclama su espacio en esta tierra, a gritos. No quiere que nos olvidemos que un día fué dueño de ese suelo y que tarde o temprano volverá a reinar sobre él.

Un momento, he dicho que había muchos pinares, pero...¡Vaya! ¿Qué es ese gran espacio pelado? Cathy, ¿ Por qué ahí no hay árboles?

El viento había tirado todo aquello que fué plantado hace siglos y renovado poco a poco; cayó lo que caracteriza a esta tierra y lo que la llena de equilibrio. Los pinos estaban en el suelo. La verdad, es que da dolor de corazón ver una imagen así. Era un espectáculo desolador. Es como si derepente, en Holanda, de un día para otro, todos los tulipanes aparecieses pisoteados...sólo que los tulipanes crecen cada año. Los pinos tardan décadas en llegar a ser adultos. Una verdadera lástima

...






lunes, 3 de agosto de 2009

VIAJES. Escocia IV: De poteo por la Royal Mile.










Un milla Escocesa es lo que va desde el castillo de Edimburgo al palacio Hollyroodhouse; la milla real. Cuesta abajo o cuesta arriba es preciosa la mires por donde la mires.

Jokin, se había pasado la semana trabajando. Los inicios fueron duros en esta tierra pero acababa de encontrar un empleo en el Royal Bank of Scotland. El Viernes, colgó la corbata y nos llamó para ver donde estábamos. Nosotros, Luis y yo, acabábamos de reservar una habitación en pleno centro de Edimburgo.

Pasear por la Royal Mile siempre está bien, pero hacerlo con kilt y de pub en pub está mucho mejor. Jokin llegó corriendo del curro y nos trajo una "falda" de esas a cada uno; una de la familia con la que vivía. Nos pusimos de guapo para la ocasión.

Nada más cambiarnos en el hotel, subimos para el castillo. Estaba plagado de turistas y aunque nosotros también teníamos buena pinta de serlo, varios japoneses (por no decir que de todos los lugares imaginados-queda mejor decir japoneses-) despistados se sacaron la foto con nosotros...irse de Escocia sin una foto con alguien que lleva falda...¡no puede ser! Eso deberían pensar, creo. El caso es que me parece que debo ser yo el único que piensa que no nos parecíamos en absolutamente nada a un típico escocés. Será que tenemos ya muy interiorizado el tema de la globalización.

Bueno, el castillo estaba muy bien ( ni entramos) y lo que tocaba entonces era pegarnos un buen festín a base de birras británicas de las de medio litro, de esas que llaman pint. ¿Empezamos desde arriba o desde abajo? Subir poco a poco es menos duro que ir hasta abajo y luego al intentar subir rodar y caer cual barril lleno de cerveza anglosajona; cuesta arriba los barriles no ruedan tan fácil. ¡Ah!¡Eso sí!Como somos cultos, antes de salir, visitilla al Scotish parliament y pa'lante. La primera nos la tomamos en honor a la democracia.

Los tragos iniciales fueron tranquilos, discusiones de esas sin importancia. Lo que denota que algo va mal ( discusiones con el estómago bien humedo) es cuando un grupo de vascos se ponen a discutir sin sentido sobre fútbol o pelota y a hacer apuestas tontas. Bueno eso fué ocurriendo poco a poco y, ¡claro!, al final acabamos hablando de la política de fichajes y de la cantera del athletic...en ese momento se lió. Si es que ya digo, que a un grupo de vascos les das unas cuantas cervezas y acaban gitándose y no se ponen nunca de acuerdo. Lo que nos es común a todos es ver todo jodido, eso sí cada uno con su opinión y, aparte, el que cuando acaba la acalorada discusión seguimos siendo tan amigos. Eso es la cuadrilla. Probablemente más de un Escocés pensó que aquello iba a acabar en pelea.

Como gritábamos tanto se nos acercaron unos holandeses a hablar. También iban de birras por allí. Ellos bastante bien acicalados. Departimos sobre múltiples tema, hasta, ¡Cómo no! de política. Una vez que uno dijo que Aznar le parecía un político coherente y respetable el tono de la conversación se elevó. Eso sí, nos partimos de risa a su cara. Hay que ver cómo llega la información, a veces, cuando salta de país en país. Está claro, con esas pintas que llevaban ¿Qué podíamos esperar de ellos?Con un cordial Doei nos despedimos hasta otra.

A media cuesta nos retratamos, en honor a la cultura, con Stevenson, que aunque nunca hayamos acabado de leer su Isla del tesoro, se merecía una foto. Fué por todos aquellos niños a los que ha hecho soñar con ser piratas y encontrar un día su tesoro, usando un mapa que encontraban en el desván de la casa de sus abuelos. El mapa, La Isla, el camino marcado con una línea roja discontinua y la X marcando el lugar.

La verdad es que la carretera se empinaba por momentos. Menos mal que teníamos taverns a cada paso para hacer parada y fonda; si la cuesta tiene una milla nosotros hicimos tres a partir de la mitad. Y es que las pintas acaban pegando duro a la cabeza. Subiamos ya la cuesta en "S".

La noche iba cayendo por momentos. Enseguida se muere el día en Escocia; el invierno es bastante duro. Deberíamos haber tenido frío con nuestra vestimenta pero no fué así, cuando lo pasas bien te olvidas hasta del frío. Eso sí por si acaso...no parábamos de abrazarnos, somos unos sentimentales.

Es bonito Edimburgo, es preciosa la Royal Mile, pero dar un paseo de potes con dos buenos amigos en Kilt, no tiene precio.









PD. Para celebrarlo en el último bar pedimos la más especial de las cervezas del día:
" Tres sanmis por favor!" En Escocia todo sabe diferente...