jueves, 29 de marzo de 2012

El día del ñoqui en Montevideo. Parte II





Montevideo, tras la refundación por parte del Durangarra Mauricio de Zabala vivió hasta 1829 amurallada. Todo cercado tiene un paso por el que entrar y el único vestigio en pie de aquel antiguo muro protector, ante posibles invasiones, es precisamente la puerta de la ciudadela.

Dimos la espalda a la espalda de Artigas y a la de su caballo y cruzamos la cancela en dirección a la calle Sarandí. La banda de música ataviada con trajes militares clásicos venía en dirección contraria amenizando la mañana de Sábado en Montevideo. La música nos acompañó mientras caminábamos buscando el histórico Teatro Solís. Nos habíamos pasado de largo pero afortunadamente quebrando un par de veces a la izquierda aparecimos justo delante. Símbolo del neoclasicismo republicano uruguayo de mediados del siglo XIX, fue construido durante el periodo de guerras civiles posteriores a la independencia del país. La clase empresarial uruguaya quería destacar política y socialmente y llevaron a cabo el proyecto de construcción de este emblema nacional. Terminaron en 1856. Hoy además de su relevancia local, ha adquirido una gran significación a nivel internacional. Cualquier persona puede disfrutar de las representaciones que se llevan a cabo en su interior debido a que la cultura es entendida como un bien común aquí; si alguien paga lo hace a precios mayormente moderados y accesibles.



La puerta vieja a la ciudadela parece introducirte en un espacio-tiempo nuevo del que no te habías percatado antes de cruzarla. Retrocedes a épocas pasadas; fincas clásicas, de la época colonial, como viejas artistas (glorias ) venidas a menos, empobrecidas, arruinadas, mal maquilladas y con la piel escamada. La belleza está dentro, no se pierde ni se perderá jamás, pero la vida no las ha tratado bien. La plaza Zabala, la iglesia, la plaza de la constitución, tiendas de barrio, santerías, vendedores ambulantes, tabernas de noche dormidas sobres sus propios hombros, con sillas apiladas, recogidas, esperando la caída del sol, caminantes relajados, camiones con más de medio siglo de aventuras...y sobre todas las cosas un detalle... Nunca como en Uruguay he visto apilar y ordenar las frutas por colores y con tanto gusto. Las calles con puestos de fruta son una explosión de color, un carnaval contínuo, un juego de luces acompañado por el sol que invita a sonreír, que alegra el día. Maravilloso.





- ¿ No tienes hambre Fran?
- No, yo todavía no. Prefiero esperar a la hora de la comida. Hoy es el día del ñoqui. He leído en la guía que en el mercado de la abundancia debe de haber buenos puestos para comer.
- Vale bueno, yo me voy a meter algo al buche que aquí huele muy bien. Creo que este es el mercado que nos dijo Imanol cuando nos habló de Montevideo; el mercado del puerto.

Al entrar en éste mercado el frenesí se avalanza sobre tí. Calor, mezclas de olores, gente que pasa, cocineros asfixiados por las brasas, camareros de barra gritando, gente a todo comer...es un laberinto culinario inacabable. Los clientes se suelen agolpar en las barras y en los pocos espacios libres que se ven. En 1868 otro era el destino de éste mercado pero hoy es un variopinto centro gastronómico. Los Sábados llega el momento álgido del lugar y casualidad, era sábado. No faltaba gente de la vecina Brasil: Habían llegado para ver jugar al equipo de futbol del Internacional de Porto Alegre. La noche anterior, Peñarol ( A la postre subcampeón de América 2011) había empatado a cero contra el equipo Brasileño. Venidos de lejos permanecieron con sus colores granates, el fin de semana, de visita en Uruguay. Al final acabé comiendo una salchicha bien bañada en chimichurri; deliciosa.



Los uruguayos son muy amables, muy tranquilos y siempre tratan de ayudarte. Manejan de la mejor manera que saben, y saben hacerlo fenomenal, la mochila de las contantes crisis y desgracias que ha sufrido su querido país. Los contrastes se van hacinando en la calle. La muestra más palpable la tenemos en el acristalado edificio Antel. Con sus 150 metros de altura domina la ciudad. La pudimos divisar desde que salimos por uno de los laterales de la Ciudad Vieja. Una cuchillada azul al cielo en el horizonte. Rápidamente se me vino a la cabeza un idea: siempre no se puede culpar a los políticos y gobernantes ( ¿ visionarios?) de tratar de fomentar proyectos que muestren la vocación internacional y vanguardista de una sociedad ¡¡ Pero es que muchas veces no se acierta!! Me gusta más la idea que parece haberles surgido aquí también, de retomar la vida en las zonas antiguas de la ciudad y colorearlas con vida; maquillar y descamar los edificios envejecidos. Sin llegar a apartarlas cual anciano que parece molesto y dejarlas morir pendientes de recalificaciones y pelotazos millonarios sonrojantes y desvergonzados.


¡ Y qué decir de la antigua estación Artigas de ferrocarril! ¿ Quién abandonó éste regalo para la vista? Ferrocarriles varados y oxidados descansan sine die de retorno a la actividad sobre vías catalépticas y ensombrecidas por la hierba que crece y crece y las va cubriendo. Ninguna capa de abandono ni de olvido hará que para mí, en mi cabeza, siga siendo la estación central de Montevideo. A éste lado del río de la plata, éstos proyectos retomando el legado cultural, probablemente ganarán importancia en los tiempos venideros.





Para ser Otoño, el calor era demasiado protagonista en aquel Sábado. Las largas avenidas que rodean el centro de la capital se nos hicieron eternas. Una vez de vuelta al casco urbano las sombras nos aliviaron, así cómo la panadería abierta ( al fin un comercio por esta zona) con agua fresca esperándonos. La dependienta nos clavó los ojos tras escuchar nuestro "extraño" acento; sin duda fue la anécdota que contar en aquella aburrida tarde por aquel barrio.

La casa de la "democracia", el parlamento, estaba en medio de una plaza muy abierta, haciendo una especie de isla entre carreteras. Me encantó sobre todo el tono gris del edificio. Oscuro. También me gustó su diseño clásico, imitando el arte griego. Senadores y diputados debaten aquí sobre los asuntos del país. Los diputados totales son 99. ¿ Por qué 99?


La clase política está fatal...está de rebajas ésto de ser representante de la sociedad. A lo largo del mundo es una especie degradada e imagino que no lo es menos en Uruguay. Una nación ésta sacudida históricamente por dictaduras, tiranos, demagogos, aprovechados... por eso, en mi opinión no está de más la dignidad que aporta el presidente de la república, el exguerrillero Tupamaro, Pepe Múgica. Saliéndome de ideologías y colores, sólo comentar un detalle que me apasiona: nunca ha abandonado su vivienda, su casa, para trasladarse a la lujosa residencia presidencial. Sigue residiendo en el humilde barrio de siempre.

Mis pensamientos me había abstraído de tal manera que aparecimos de repente delante del hotel nuevamente. Quería subir a por un jersey para la tarde y Fran que no podía aguantar más. Se adelantó unos pasos para ir pidiendo la comida. Por fin íbamos a probar los ñoquis en el día del ñoqui. Nos citamos en el "mercado de la abundancia" sujetando un mapa cada uno.

martes, 14 de febrero de 2012

MENDIAN GORA. Leungane



Las montañas quizás un día crecieron hasta el cielo en Euskal Herria pero eso fué hace mucho mucho tiempo, ahora bajaron para mostrarnos su majestuosidad. El viento, la lluvia, la nieve... las han desgastado y afilado dejando brutales vacíos y abismos, terribles pendientes y grandes desniveles que se libran en pocos kilómetros.

Dominando la sierra de Aramotz tenemos a Leungane, 1006 metros sobre el nivel del mar; dentro del paraje kárstico de parque natural de Urkiola.

El coche fué llevándonos por la carretera de serpiente del valle de Arratia, hasta Dima. La nieve había dejado las cumbres para acercarse hasta el mar y contra más nos adentrabamos mas helado era el paisaje. El blanco dominaba. El objetivo era la cima pero también hundirnos un rato en la nieve, al menos hasta la rodilla; así lo hicimos. La nevada de los últimos días había sido tremenda, con lo que llegar a la cumbre nos cotó más de lo esperado. Según íbamos ganando altura comenzamos a divisar las cimas y los valles del entorno: Mugarra, Gorbeia, Anboto, Arratia arana...un paraíso teñido de blanco por el invierno.




Mirar aquí y allá era una pasada. Cualquier instantánea que sacábamos se convertía en una estampa inolvidable. Estábamos ante un capricho polar efímero y pasajero. Los árboles estaban tallados en hielo, tejados sobre las paredes de las calizas rocas labrados en nieve por el viento, algún tímido rayo de sol se rompía en todos los colores del arco iris.






Cuando llegamos a las zonas más descubiertas ya cerca de la cima el frío llegado del norte nos golpeaba y empujaba. La cima está al final de una columna vertebral estrecha con caída a dos valles. ¡ Qué día tan poco apacible! Tras la foto de la conquista del alto bajamos buscando el refugio de la cara sur, por donde se oye pasar el gélido cuchillo ártico, amenazante, pero donde ya no nos alcanza.







Aprovechando la pendiente caída nos dejamos llevar por nuestros instintos más infantiles y recordamos aquellos maravillosos días de la niñez dónde patinábamos losdías de invierno con las bolsas de basura que nos conseguían nuestros padres ¡ Qué divertido es patinar por la nieve! Y cómo me gustan los paisajes nevados.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Gaizka Bilbao; Ahaztutakoen bilduma






Ésta es la carta que acompañaba al regalo de boda del exmiembro de Ahaztutakoen bilduma, Gaizka Bilbao. Un homenaje, un detalle, a un gran amigo y compañero en muchas batallas.

Hay días en que me planteo el porqué la vida te hace recorrer veredas y senderos, dar vueltas y más vueltas sin un aparente sentido.

En Octubre de 2008, hoy hace tres años, sabiendo ya que abandonaba el Castellón que tan bien me había acogido, para siempre, escribí una canción para Ahaztutakoen bilduma. Volvía a casa, a Etxebarri, y ese antiguo proyecto de cuatro amigos haciendo ruido en un garaje volvía a tener sentido; el grupo podía volver a sonar. La canción hablaba de lo que dejaba atrás. No la terminé.

Mi aventura había comenzado 5 años antes, con una maleta llena de sueños y un billete para Holanda. Estudiando allí conocí una chica con la que salí durante años. Vivimos después juntos en Castellón y un día terminó. Todo empieza y todo acaba alguna vez (esto es algo que cuesta entender en la vida). Me sentí frustrado; tanto caminar, tantos años juntos, tantos kilómetros recorridos para seguir viéndonos mientras estuvimos viviendo uno lejos del otro…De eso precisamente hablaba la canción que después compuse. Si no la terminé fue porque faltaba una pieza para el puzzle, algo que le diera sentido, y no lo encontraba. Para que a una persona le llegue la inspiración hace falta un chispazo, en empujón, un chasquido de dedos ó un sopapo mejillero.

Aquel inspirador Octubre de 2008 supo seducir al sol del verano y su calor. Se alargaron los días estivales hasta bien entrado el otoño. La chica con la que había compartido los años anteriores me invitó a pasar un día en la playa. Siempre queda esa última esperanza que nos dice que quizás las cosas bien pudieran ser arreglables…Casi nunca lo son después de una ruptura muy sentida. Ella llevaba puesto un colgante que yo le regalé. Era mío, de cuando yo era niño, era casi mi tótem; regalo de los aitas, de plata, algo sucio, marcado por el tiempo. Estando en el agua, tras un gesto algo brusco, resbaló por su cuello y acabó cayéndosele. Yo salté desesperado y escarbé a ocho manos por encontrarlo pero las olas que iban y venían lo enterraron para siempre bajo la tierra de Castellón. Ya nada nos unía, ni tan siquiera eso. Para mí fue algo simbólico. Aquel colgante que siempre se salvó de mil contratiempos, que se perdía y casi mágicamente volvía a aparecer, quedó enterrado con otras muchas cosas que quedaron allí. El sol se escondió poco después entre las montañas. Yo me quedé cerca del mar un rato más, pensativo.

Sobre esos días, en Octubre, varios amigos vinieron desde Bizkaia a celebrar mi despedida. Nos juntamos con gente con la que había entablado mucha amistad en aquellos años fuera de casa. Con ellos celebramos el adiós. Tras una de las noches de fiesta, en una playa de Valencia, al alba, Inma y Gaizka se besaron por primera vez. Se habían conocido aquel mismo día y ya nunca más se separaron. Lo que podría haber sido un efímero y olvidable beso no fue sino la pieza perdida de su puzzle, su chasquido de dedos, su momento más especial. Así llegó mi inspiración y así pude acabar yo también mi canción. Ahora sí tenía ese eslabón que me faltaba.

No hay nada más reconfortante en la vida que saber de la felicidad de la gente que quieres. De la frustración que sentía pasé a la esperanza, sonreí. Yo y mi historia habíamos sido sin pretenderlo y sin saberlo el nexo de unión entre dos amigos de lugares lejanos. Que todo haya acabado en una verdadera historia de amor hasta que la muerte los separe, pienso que da sentido a todo mi camino. Estoy lleno de esperanza.

Ya no recuerdo el nombre de la chica que perdió mi colgante en las arenas de Castellón, aunque éste sigue allí. Allí siguen mis amigos, siguen los ecos de las risas de los felices años que pasé, la pareja enamorada sigue también y cómo no, flota en el aire la melodía de la canción que por fin terminé. Cómo he dicho el último acorde lo pusieron Gaizka e Inma y esa canción para ellos es.


Durango, a veintisiete de Octubre de dos mil once.






sábado, 5 de noviembre de 2011

Mendian gora, Mugarra.



Cuando ante ti sólo hay vacío, una vista que podría tener un pájaro en pleno vuelo; cuando si lanzases una piedra hacia el horizonte no la oirías ni caer y mucho menos la verías ( ni la mirada más atenta podría seguir el final de su parábola); cuando delante de las puntas de tus pies una línea divide el abismo de la roca, sientes vértigo. Mugarra bien podría significar ascensión vertical o rampa hacia el cielo.

No llegaremos a demasida altitud. Ni tan siquiera es una subida excesivamente larga. Simplemente es un camino de naturaleza brutal, de derroche físico, de sudor en la frente, de bocas abiertas y de mirada al suelo. Es un camino de rostros desencajados y arrugados. Después, al llegar arriba, tus ojos te pueden llevar hasta allá dónde se pierde hasta el horizonte, a lo más remoto.




Ese vértigo, llega al asomarte desde la cumbre hacia las demás atalayas que adornan el paisaje del entorno. Torres de vigía, moles cársticas labradas y agujereadas por el agua durante miles y miles de años, puntas de lanzas sobre verdes faldas en invierno y en verano; bucólicos prados, exhuberantes de naturaleza fresca, viva. Un caserío aquí y otro allá. Pecas blancas que no son sino ovejas pastando.



Nos preguntamos desde lo alto cuánto habrá cambiado éste paisaje desde que los primeros pobladores llegaron aquí. Probablemente, salvo esa cantera que muerde y desangra la montaña, lo que ellos vieron en su día no sería muy diferente.

Nos vamos, el viento sopla fuerte aquí, tan al descubierto. Trae nubes que presagian lluvia o quizás tormenta de verano.

Stand by


El flash es más rápido que la pluma...el material fotográfico se acumula, las historias y las ideas se agolpan por salir de mi cabeza y todas juntas y apiladas esperan su momento.

viernes, 5 de agosto de 2011

RINCONES DE NIJMEGEN. Victor





Cuando alguien pureba su primera cerveza en la vida, suele encontrar su sabor como amargo, y también suele pensar e incluso llegar a decir " ¡ Qué mal sabe esto!". Así me ocurrió a mí también. Cómo a todos cuanta más fuí bebiendo mejor me fue sabiendo hasta que me acostumbre al sabor y hoy por hoy puedo decir que me gusta; me gusta mucho.




Victor era un cervecero nato y nos contagió su pasión. Desmitificador de marcas populares y bebedor más de cantidad que de calidad; aunque algún capricho se daba. No había día de compra que nos nos enchufara al menos una caja y siempre la que a él le gustaba. La verdad es que luego todo lo que entraba en casa se bebía y no duraba mucho. Cada amigo que venía se tomaba un par de ellas y nuestra cocina siempre estaba repleta de gente conocida. todos sabían donde había barra libre. Las mejores partidas de mus / poker se jugaban en nuestros dominios. A veces eran de risk o play. Fuera la partida del juego que fuera Victor nunca dejaba a nadie seco, sin su birra.




Las cartas, el risk, los por aquel entonces novedosos juegos on-line e incluso el rol formaban parte de su vida diaria. Lo de jugar era lo suyo. De hecho llegué a probar todos esos juegos con él, hasta el de rol, pero nunca lo llegué a entender. Cuando no encontraba quien le acompañara se enfrascaba con su ordenador y ¡ A jugar el solo! Sabía moverse como nadie en todo ese mundo.


También era el hombre de los debates políticos. Debatía sobre todo con la gente con la que tenía confianza pero hacía siempre gala de amplios conocimientos. Una cerveza, un cigarro, su cruce de piernas, barba de 10 días y la mirada fija hasta cuando absorbía el humo del cigarro. Escuchaba, dejaba hablar y opinaba. Y siempre al final la retórica pregunta de si entiendes lo que dice. El de política era su debate favorito pero se apuntaba a lo que fuera. Creo que estos meses en Holanda los disfrutó plenamente. Tenía gente de muchas clases, orígenes, religiones y opiniones con las que debatir y lo hacía día y noche en Inglés, Castellano o Catalán.



El día que conocí a Albert conocí a Victor también. En la universidad. Me costó tiempo reconocer su humor y su forma de ser; en el momento que me entró me caló para siempre. Albert es fácil, Victor difícil y esquivo. Sin embargo, y como conrapunto a Victor lo tendrás para siempre cerca, fiel. A Albert también, por supuesto, pero a Victor pocos consiguen ganárselo...




Yo no sé cómo vería la gente el trío que formamos. Yo, desde luego, tenía claro el papel de Victor dentro de él; era la chispa. De primeras salíamos todas las noches que a él le apetecía, siempre tenía una manera de converncerte. Eso sí, los Martes descansábamos siempre porque tanto él como Albert tenían una asignatura dura con clases intesas a las que asistir los Miércoles a la mañana. El resto de la semana había vía libre para movernos.

Si alguien necesitaba una bici Victor se la conseguía. Debió tirar, y nosotros con él, más de 50 bicicletas al canal; deporte nacional Holandés sólo por delante de los dardos y el Hockey hierba. ¡ Cuántos partidos de Hockey hierba se podían jugar el Domingo a la mañana! Incalculable. Pero sin perdernos y a lo que íbamos, que Victor era una chispa en un campo de trigo seco...





Victor fue quien primero me habló de Lucía. Yo a ésa chica ya la conocía de un par de noches en el O'sheas, centro neurálgico de todos los estudiantes. Había intercambiado alguna conversación con ella pero poco más. Bueno sí, el día que llegó, junto a otras chicas de Castellón, la lleve en bicicleta de bar en bar porque aún no tenían cómo moverse. Quién me iba a decir lo importante que sería para mí después.

Las tres castelloneras vivían cerca de nuestra casa y mis dos catalanes enseguida hicieron buenas migas con ellas. Yo menos porque soy más arisco. Un par de veces nos llegaron a invitar a su casa y allí descubrimos que no eran tres sino cuatro de Castellón: Rachel, Rosana, Lucía y Manuel que había estado perdido hasta entonces. Un hombre peculiar, podríamos llamarle hasta raro, pero buena persona siempre. Quizás lo que le mataba y por eso lo llamo raro es que no tenía don para las relaciones sociales, no lo sé. Yo no me siento agusto en los momentos en los que piso suelo extraño con muchos extraños y a pesar de que siempre me dieron mucha conversación no llegué a ser precisamente el alma de la fiesta. Sin embargo Lucía no paraba y Victor le seguía el rollo. Eran como dos guindillas por la casa.



Las excursiones nocturnas cualquier día a cualquier hora fue lo que más me unió a Victor. Un Domingo de tormenta, un miércoles a las 2 de la mañana y con 7 bajo cero, yo qué sé...y siempre estaba el DIO abierto. Y casi siempre Stan en la puerta. Éste era un chico de Aruba pero totalmente absorvido por la mentalidad holandesa en cuanto a la forma de trabajar. Cómo digo caíamos noche sí y noche también en esta especie de minidiscoteca para estudiantes. Yo me saqué el carnet de la uni pero Victor siempre andaba con uno provisional con el cual Stan no le dejaba pasar; no era un carnet oficial. Se notaba que le ordenaban sólo aceptar carnets oficiales y cumplía como buen súbdito neerlandés. A pesar de saber, cada noche, que éramos los mismos del día anterior, volvía a pedirnos el carnet y a no dejarnos pasar. ¿ Cómo pueden ser así? " ¡¡ Stan, por favor, somos los mismos de ayer!! " Siempre discusión y siempre acabábamos entrando. La orden número dos de sus superiores, se ve que hacía referencia a creer lo que te decían cuando te insistían más de 14 veces. All fin y al cabo en Holanda casi nadie suele decir mentiras, es algo muy mal visto y raro, al igual que las trampas o copiar en examenes.



La vuelta en éstas excursiones solía estar plagada de debates filosóficos. 10 km dan para mucho en bicicleta. 10 de ida, 10 de vuelta, otra ida y otra vuelta y otra ida... ¡ Cuánto pudimos hablar aquel otoño e invierno de 2002!

El Otoño, precisamente, fue pasando y la temperatura caía un poco más cada día. El primer sábado que bajé al mercado con polar y con buff caería por Noviembre y no me los volví a quitar de encima. Me gustaba bajar a comprar pescado al mercado. Prácticamente sólo se puede encontrar pescado fresco en los mercados, al menos en el interior de Holanda. Con la bolsa ya cargada me giré, tras pagar al tendero del puesto y me econtré a Lucía y a Victor caminando por el centro. Lucía iba abrigada hasta arriba, cómo tocaba, y Victor portaba un triste jersey. Me pidió algo de abrigo y debido a la diferencia de altura entre ambos, sólo le pude dejar el buff; el buff del Athletic de Bilbao. Así, y siendo un candidato a la primera pulmonía del curso, se dirigieron a la estación para ver por primera vez Amsterdam. Nunca se me olvidará la silueta de los dos alejándose bajo una fina niebla; Victor con las manos en los bolsillos buscando el calor por algún escondrijo. No me apeteció ir con ellos. Había días en los que también había que descansar a pesar de que Victor te tratara de converncer de lo contrario...será de las pocas veces que no lo consiguó.


miércoles, 15 de junio de 2011

El día del ñoqui en Montevideo. Parte I




Habíamos escuchado que Montevideo era casi un barrio de Buenos aires. Cosa que no creo que le haga mucha gracia a ningún Uruguayo. De todas formas, si únicamente nos centráramos en lo que se tarda en cruzar el Río de la Plata en avión, podría serlo perfectamente. Atravesar Buenos Aires por la mañana, por carretera, es una experiencia asfixiante y desesperante mientras que montarse en el avión para conocer una nueva tierra, es algo liberador e ilusionante. Sube y baja, las oscuras aguas del río más ancho del mundo y los llanos y pardos prados del campo charrúa en las ventanas de la izquierda.

Uruguay tiene una frontera de las de andar por casa. La gente de la aduana está tranquila, la gente, de hecho, es tranquila allá y el país, por lo tanto, trasmite tranquilidad desde que lo pisas. Tranquilidad y amabilidad. Hay personas siempre dispuestas a ayudarte. Aquí no sería digno de mí el no mandar un recuerdo para Anibal Calvo Piñón, hijo de españoles migrados a América, y empleado de la seguridad del aeropuerto. Él nos acompañó desde las pistas a la puerta de nuestro hotel. Y es que no paraban de pasar autobuses y autobuses, a cada cual más lleno y menos accesible. El nos indicó a cual subir, dónde bajar y cómo llegar hasta nuestro hospedaje. Hasta cargó a ratos con alguna maleta. Gracias de todo corazón.

La noche caía, mientras nos acercábamos a la ciudad, por el camino Carrasco, teñida de los colores gualdinegros, símbolo de Peñarol, el club de fútbol montevideano que jugaba esa misma noche su partido de Copa Libertadores de América en el Estadio Centenario. Cuna de grandes futbolistas de talla mundial, Peñarol ha sido varias veces campeón de América. Parece que este año 2011 está en una posición inmejorable para poder repetir ésta hazaña.

La ducha y la ropa limpia no eran negociables y la mejor cena de la semana tampoco se hizo esperar; regada con un vino tinto Uruguayo. El caldo no tenía un gran valor pero me lo sirvieron con tanto cariño que repetí; pedí una segunda copa. De ahí a la cama pronto y con un ojo abierto para poder detectar el primer rayo de sol que se diganra a salir. No íbamos a perder ni un minuto del día siguiente.



Amaneció el día 29 de Abril. Éstos veintinueves son días especiales. Cada mes, en el Uruguay, se cumple un ritual; se celebra el día del ñoqui. Habíamos leído acerca de ello antes de llegar, aunque dudábamos si sería una tradición vigente o simplemente un cuento trasnochado y artificial. Lo queríamos comprobar y salimos a la calle con esa intención. Nadie puede hacerse con las costumbres, tradiciones e idiosincrasia de un lugar en un solo día; así que seguro nos marcharíamos de allí sin una respuesta concluyente. Eso sí, enseguida nos percatamos de que publicitar y ofrecer si que se hace. El día 29 es el día del ñoqui en Montevideo.






Y ¿ Por qué el día 29? Entre escuchar y leer he sumado varias explicaciones o varias razones. La más antigua nos lleva al siglo VIII y a Italia. San Pantaleón auguró a los campesinos de la tierras venecianas buenas cosechas un 29 y esto se cumplió. Entonces todos los veintinueves iban a ser celebrados, a partir de ese momento, con una comida sencilla, de campesino, en honor al santo. También se ha asociado a épocas de escasez de trigo, momento en el que se comenzó a cocinar un tubérculo traído de América a Europa...La patata que hasta ese momento sólo servía para alimentar a las bestias, se iba a empezar a utilizar como sustento de humanos; de la patata, generalmente nace el ñoqui... De todo lo que se habla, la explicación más cercana a nuestro tiempo y más comprensible nos dice que el día 30 es día de paga en Uruguay. Entonces la gente como llega bastante justa a ese día 29 ( o al menos llegaba en las épocas más difíciles), solamente tiene para comer alimentos humildes, como humilde es el ñoqui. Eso sí, se puede combinar con muchísimas salsas que nos permiten degustarlos con sabores bastante variados.




Nada más poner el pie en la calle ya estábamos en la plaza de la independencia. Teníamos a Artigas montado a caballo frente al Palacio Salvo, emblema de la ciudad, y con la puerta de entrada a la Ciudad vieja a su espalda. Una banda de música militar amenizaba la soleada y calurosa mañana.

En un café a los pies del palacio se escribió el tango más famoso y más polémico de Uruguay, "La cumparsita". Polémico porque, como todas las cosas en torno al tango, Argentina y Uruguay siempre tienen algo de qué quejarse, por lo que discutir, de lo que apropiarse indebidamente o algo que poner por encima de su vecino. Uruguay arrinconada entre dos gigantes como Argentina y Brasil resiste con sus peculiaridades, orgullosa de lo que es. Así la cumparsita es un himno oficioso del país.

Montevideo fué fundada por los portugueses, estratégicamente, en 1.723 pero en 1.724 tuvieron que abandonarla, forzados por los españoles. Unas pocas familias llegadas de Buenos Aires y algunas más de aborígenes canarios se asentaron allí. Uruguay, comenzó el camino hacia la independencia en 1.810, tras el levantamiento de las Provincias del río de La Plata. Artigas que nos había recibido subido a su caballo en la Plaza de la independencia fué el principal líder independentista uruguayo, aunque en 1828, cuando por fin se creó el Estado Oriental del Uruguay el ya vivía desterrado en Paraguay, lugar donde falleció en 1.850. Montevideo, en un principio, se mantuvo fiel al poder español, pero pronto los españoles fueron expulsados y en el año de la independencia se la nombró capital del estado.